LA AMADA MADRE MARIA:
EL DIA DE LA ASCENSION DEL MAESTRO JESUS
Memorias de la Amada Maria

La mañana llegó rápido y Jesús subió
sólo la colina. Él era como un magneto el cual era de amor solamente. Su
Presencia, Su dulce voz, Su cabello brillante, Su aura - todos éstos eran tan
poderosamente magnéticos que donde quiera que Él estaba, aún si la gente estaba
durmiendo, ellos se despertaban, se levantaban y le seguían!
En esta mañana les hablé a los
muchachos y dije: “Vigilen ahora que la gente no le siga a Él. Dejémoslo estas
pocas horas -las últimas horas que Él sólo conocerá, como una parte de la
Tierra. Permítanle comulgar con Virgo y Aries, con los Amados Helios y Vesta.
Permítanle que adore al Amado Mayo, el mes de la Perfección.
En efecto, apenas Su Presencia había
comenzado a subir la colina, allí le siguieron los amados que deseaban estar
con Él. Nosotros les retuvimos y a fin de mantenerlos felices, les conté
algunas historias de Su vida.
Alrededor de las nueve, el resto de los
discípulos y Yo misma ascendimos la colina. La Presencia del Amado Jesús ya
estaba brillante y resplandeciente como un Sol. Estaba tan brillante la Luz
resplandeciendo a través de Su cuerpo que escasamente podíamos mirarle.
Entonces no Nos habló más. Sólo continuábamos orando con Él, atrayendo las
Llamas de la Resurrección y de la Ascensión.
Luego, sobre esa esplendorosa cima de
la colina, desde la propia roca donde Yo había pasado muchos años en oración,
Jesús ascendió conscientemente en la presencia visible de cientos de personas
(cerca de quinientos en total).
Tomado del Libro: Memorias de la
Amada Madre María, LAINEC -extracto-
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