EL AMADO THOR-DIRECTOR DEL ELEMENTO AIRE
El Puente,
diciembre 1960

¡Amados seres, si liberara a los silfos
del aire, quienes a través de todas la eras han absorbido las creaciones
humanas de la gente de esta Tierra - hasta que ustedes hubieran desarrollado
una afinidad con ellos - piensen en la condición del elemento aire, como esos
silfos no controlados por Mi mismo y la Señora Aries desahogarían su ira a
quienes les han antagonizado a través de la eras! Por lo tanto, estamos
obedeciendo el Edicto Divino de mantener en control a cada miembro del director
del reino de los seres que sirven bajo Nosotros hasta que los diversos pequeños
seres, y los grandes seres también, quienes representan al Reino Elemental
puedan encontrar amor y afinidad real por la humanidad.

Yo nunca he sido la causa de un ciclón o
un tornado, lo cual debería ser auto-evidente para la mente pensante, pero los
silfos del aire al igual que los seres humanos y Ángeles aprisionados tienen
libre albedrío hasta cierto grado. Ellos se reúnen, justamente como hacen los
seres humanos descontentos, en ciertos vórtices donde ellos toman cuerpo a
través de los pensamientos, sentimientos y conversaciones desagradables, lo
cual es evidente para Mi aunque quizás no para ustedes, un vórtice que se
convierte en el 'ojo' de un huracán, un ciclón, un tornado. Luego esa energía
siguiendo un curso causa destrucción. Todos ustedes saben que uno de esos
poderosos vórtices está en el Caribe y que allí Yo he establecido una
Presencia Luminosa del Elohim de la Paz para detener tanto como sea posible de
la turbulencia del elemento aire.
El aire puede ser su servidor. Era el
servidor de la gente de la antigüedad. El aire llenaba las velas de los
antiguos barcos que venían a su gran país. El aire es la vida que respiran mediante
el cual viven. O la actividad del elemento aire no controlada puede ser su
maestra, porque sin aire sus-vehículos físico perecerían, pero se les permite
la inhalación y la exhalación del aire, que es purificado dentro de cada
veinticuatro horas por los Seres especiales pertenecientes a Nuestra Corte
Divina, para que tengan el uso del poder de la atracción del aliento, reteniéndolo,
expandiéndolo y bendiciéndolo a medida que lo envíen fuera hacia alguna otra
parte de vida.

Fuente: Revista La Palabra, INEC, Mayo
1995 Pág.16
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